Franquito, querido. Es como si me hablara un hombre del pasado. Como si quisieras abrir una ventana desde el piso nublado del mes pasado, como si vinieras rasgando el papel del calendario con las uñas crecidas de quien ha caído a un lado de la historia, como si página por página arrancaras los días que te separan de hoy hasta abrir un boquete y lanzar la voz como una piedra desesperada.
Es que leíste algo que te escribí hace un mes. ¡Un mes! No vale para hoy. Tendría que escribirlo de nuevo cada día, pronunciarlo las manos cada vez hasta hoy, para que el camino siguiera abierto. Para ser esas palabras todavía hoy, años luz desde ese momento prehistórico.
Es que tu silencio fue una piedra más en la escalera para esculpirme el rostro de cada mañana. Desandar los hechos como si el pasado cambiara, no, qué tontería. No soy un cuento de ciencia ficción. Pensé que lo habías leído y callabas, como muchas otras veces, como hice yo o todos hicimos. Despensar no puedo.
Soy -es difícil convivirme- un río de Heráclito, un personaje inventado por Foucault a su capricho.
Pero puedo volver; volver existe. Creo, desde hace un tiempo tengo fe. Si vos pudiste volver de tu entierro de los días, rasgar el tiempo que te aventajaba y lanzar la voz hasta acá, aunque fuera una piedra sin papel, un pedazo del mundo tanteado en la oscuridad. Si yo alcancé a ver acaso un ojo tuyo, acaso un diente, en el vacío de papel arrancado en el calendario. Si volver existe en un sentido, no veo por qué no exista en el opuesto.
Pensándolo bien, vuelvo todo el tiempo. La memoria está llena de puertas para volver. La piecita del fondo acumula juventudes y broncas, odios, utopías y amores, sobre todo amores, para usar convenientemente al volver.
Lo que sí, perdón por no poder volver cuando quiera yo, cuando leí tu piedra o ahora, es que la cordura tiene la llave de todas los volveres. Y no las presta, hay que escaparlas cuando duerme.
5.10.09
Lo que debí haber respondido, pero tenía sueño
20.8.09
¿Tau murga? (Catharsis desaristoteliada)
De toda la alegría hecha upa hecha carne hecha mortaja hecha bandera
echarla por la ventana de lo que no puedo sería, otra vez, la inexistencia.
Arrojarme al no que mastica los placeres. Gritarle a mí que no. En la cara, gritarle.
De todas las veces en que el universo se te cae encima en forma de tormenta, porque la garganta sale a volar y las demás cosas del mundo entienden y te abrazan con fuerza. De toda la aritmética incomprensible que suma vos más vos y te da resultados siempre distintos, que a veces son mágicos y a veces estridentes. pero igual guau. igual sí.
La vida me echa de la vida
Me dice chau
No hay espacio para vos en el observatorio místico de los pobres
.pero tiene mis marcas en la cara, Dios, tiene mi nombre entre sus registros !.
Pero chau te vas, de la vida te vas, de la alegría que se construye con barro hacia arriba con forma de torre o de mar erguido. Te vas porque no sabés que las inquietudes grandes no son para piezas de barrio, llevate la revolución que estorba. chau.
y así, de toda la alegría pintada a mano sobre los ojos de los muertos más queridos, de toda la alegría rojísima porque mímesis de la sangre que corre, de todos y cada uno de los gritos que me erosionaron el cuerpo hasta volverlo humano, demomorfo, forma de pueblo y un poco también forma de Momo. De todx eso quedó nomás el miedo a que sea cierto, mi felicidad más honda arrancada para chau y porque chau, desterrada a cantarle en el oído a ella. A la única descendiente directa del claro linaje de la soberbia: la soledad.
Abrazame, despedida. Abrazame, miedo. Tenemos confianza de años como para que pueda llorar tranquila en la tranquilidad tibia de tu hombro. De toda la alegría diáfana, matriz única de las luchas destinadas al triunfo, me quedo sólo con el nombre. Ahí se queda mí, viéndome cómo la abandono aunque las promesas.
17.8.09
Sobre los distintos aspectos formales de un beso
¿Cuánto vale un beso?
Bueno, eso depende.
Incluso si nos restringimos a besos unidireccionales es decir yo con mis labios te doy un beso a vos. Así. Ahá. Incluso así depende mucho de todo.
Depende, por ejemplo, notablemente, de si es noche o es de día.
Que no es lo mismo a decir si hay luz o no hay luz. Claramente no. La oscuridad no está hecha de noche, puede estar hecha de cualquier material sintético de ésos que por todos lados encontramos.
También depende de la duración, la presión, de si hace ruido o no, cuánto y de qué color. Porque si hace como una gotita no es igual a si hace como una explosión. O si hace un ruido como de dinosaurio. Bueno, eso sería un poco raro.
Obviamente, depende también de si es un beso de rito, o sea de hola o feliz cumpleaños, si es de gracias por haberme regalado una taza, de bueno tranquilizate o de qué.
Depende de si está solito o son muchos, o si está sentado al lado de un suspiro. O si lo pinta una palabra. O una lágrima. Una lágrima de qué.
Bueno, otro factor a todas luces determinante es el nivel de intimidad en que el beso sea dado. Pasar desde nadie más que nosotrxs dos a casi nadie más es revolver con una cuchara el color de la imagen.
El valor de un beso depende de dónde se dé, pero depende también y mucho más del nombre que lleve. De si es el primero o el último. El mejor o el peor. Si es robado, incorrecto, secreto, fantasma, fallido, accidental.
Depende de si es parecido a otros besos que recordamos o no. Depende de si vamos a olvidarlo pronto, o tal vez nunca, o si vamos a recorrerlo en la memoria como un camino descalzo sobre la piel. Si nos vamos a esconder en él cuando el mundo de ponga turbio, o si nos va a morder la panza muy hondo cuando menos lo esperemos.
Depende si justo después (o justo antes) unx se muere.
O se pierde.
O se convierte en otrx.
O quiere que ese momento no exista ni haya existido.
Depende si en la cadena de simbolismos está abrazado al asco o al placer. O al miedo. O la victoria.
Muhco depende también de si el beso es para quien es besadx o para quien besa, o para otrx tal vez, testigo o no, tal vez inocente y acaso culpable.
Depende de cuánto se besen las demás personas. De si está lloviendo. De la alineación de los planetas. De si es en camisón o desnudo o nada. De si tiene gusto, por ejempo, a bonobón. De las veces que lo hayamos querido antes. De si la vida es triste y horrible o si somos hermosxs. De si viene un gobierno que prohibe besarse o si la televisión dice que hay que hacerlo con los ojos cerrados. Depende de si nunca antes en el mundo alguien besó así a otro alguien. Depende de si existe Dios o no, o existe a veces cuando le conviene. Depende de si tenemos hambre mientras el beso sucede. De si estás usando una pulserita roja. Medias o sin medias. Del piso frío. De tantas otras cosas.
Por eso nadie hace informes de los besos. Es una tarea ciclópea y, al fin de cuentas, ociosa. Porque aunque quede más allá de las palabras, todo el mundo sabe exactamente cuánto vale un beso.
< / modo cursi >
10.8.09
Historia
Otra vez la noche entumecida se durmió en mi espalda. Como un animal blancoscuro que se disfraza de papel de hielo. y se enduerme. enhebrado en la piel como si la ropa no existiera. reescribo este poema porque es de noche otra vez y todavía no encuentro las palabras adecuadas.
las filmminas punzantes de la noche helada tenían sentido en la historia solamente para que viniera después el abrazo a quitarlas, como un anochecer repentino, un párpado que se cierra, una voz atibiada que se come la soledad de un bocado.
Ojo que la soledad tampoco existe, o existe sólo como un camisón, una ropa de dormir. Existe porque sí, aparece desde la inexistencia sin avisar, sólo para que el abrazo la asesine.
Esta debería ser una buena historia. Una bandera como capa y como lecho, un dictamen milenario que mancha la escena, una estructura perversa que se repite. Debería ser suficiente para escribir un buen cuento.
pero no, prefiero hablar de esos eventos pequeñísimos que se esconden entre la vigilia que quedaba y la compulsión ciega por ficcionalizar la vida. Ahí el frío riéndose antes de ser lanzado hacia el mar o hacia quién sabe por un brazo pesado e inmóvil.
El resto no puedo escribirlo. Mirarlo es leer agua negra con las manos. Indecible como casi todo lo que importa, entre el sueño y el insomnio pasó una historia sobre mi cuerpo helado. Y, como no me sale decirla, sigue ahí, muda. Por siempre de los nuncajamases o hasta que el olvido le pinte de blanco la frente.
24.5.09
Susanita. Parece que nunca veremos quién.
A veces pienso si literaturizarse no es lo contrario que psicoanalizarse.
Por ejemplo: Cris, si pudieras novelar tu vida ¿podrías salir alguna vez de ella?
¿no quedarías atrapada -aun si yo la escribiera, la escribiera Quién- en las imágenes de piedra, en el laberinto circular de un sentido tan revelador como incomprensible?
Menos mal que no escuchás. La cuerda frágil del dolor sonaría otra vez, como se encapricha en hacer todo el tiempo, un mi gritado desde la garganta del recuerdo.
Y yo, que no me escribo. Hace cuánto soy mucho más que palabras, extiendo mi biografía audazmente fuera de los ojos del mundo.
Pero ¿cuánto entiendo sin escribir? ¿cuánto se evapora en la filosofía inmaterial de pensar sin las manos? El sueño, el colectivo, los apuntes, guardan entre sus partículas retazos de todo lo que preferí no saber.
Con la calma vuelven los miedos de siempre.
Morirme. Morirte. Morirlos. Morir y que la última cosa que haya escrito sea estúpida y estéril.
Todos los miedos empiezan con eme.
Porque empiezan conmigo misma.
Todos los miedos se pueden poner en palabras. La tecnología de los siglos ha tejido unos idiomas tan útiles para comunicar el miedo. No así el dolor. No así el amor. No así el deseo. Será por eso que a veces tenemos la sensación de que las cosas indecibles son las más intensas.
A veces pregunto si psicoanalizarse es entender menos que inventar. Como cualquier otra reconstrucción del sentido. Un método para llegar a una conclusión cruel y cobarde, como literaturizarse es un método para entender, espantado y espantoso. De las dos maneras llego a decisiones similares, pero desde cuerpos completamente distintos.
Lo que esta nota encubre es que hay una tercera opción. Aprender a volar, mirarse de arriba y tratar de entender la semiosis compleja de la Historia y la multitud. Cuánto soy en el mar de sufrientes deshermanados por el silencio. Cuanto soy, Cris, ante esa historia rojísima que tenés suerte de no leer. De no escribir. Porque sus fauces se cerrarían sobre vos en lugares donde no podemos alcanzarte.
Por vos y por todos, por el anchísimo tiempo que lame la tierra cuando no miramos, dejo de escribir esto y me voy lejos. Me voy donde los problemas son de todos y las respuestas dan revancha. Shh. Basta de palabras. Sabernos en clave literaria nos llena los pies de plomo.
23.3.09
La obviedad que necesito decir
Elegir es siempre elegir mal. Porque ningún gesto cura todas las heridas. Porque ninguna palabra imita la verdad a la perfección. Toda empresa por salvarnos nos condenaría de una forma u otra al Infierno. Si es que existiera la Justicia Divina. Si es que condenar personas al suplicio eterno tuviera algo que ver con la Justicia.
Pero igual no elegir es una elección, y en verdad es bastante cobarde e inútil. Quien elija no elegir para rechazar todas las formas de imperfección, se limitará a existir al nivel discursivo y aun más (porque aquello no es ni tan grave ni tan raro) a nivel del discurso negativo que se define sólo por oposición.
Quien elija no elegir no debería tener cara para quejarse de nada, pues es artífice de la reproducción de su situación.
Quien elija no elegir ocultará posiblemente que la razón más pesada de su pretendida inanición es la fiaca que le da hacer el esfuerzo necesario.
Quien pretenda no elegir terminará pisando el camino de los que eligieron elegir por los demás.
28.2.09
Eso explica muchas cosas
Quién me dijo que volviera a creer en ella, que dejara de llamarla Dios, esa vulgar palabra que sirve sólo para horrorizarse. Me pregunta por qué mis poemas no tienen alas ni monstruos, por qué respiro, cómo es que ya no cierro los ojos con dolor cuando leo la frase (estratégicamente escrita al inicio del celular) "los ángeles se fueron a la guerra".
Yo le explico que crecí, que fui haciendo una escalera con todos los segundos que, besados por el amor, ya no me mordían los ojos. Y así salí. Me escapé de la impotencia, del sótano donde guardaba los fantasmas, de todos los subsuelos donde me había resignado a morir. Salí del fondo más fóndico de mí misma y, asomada a los ojos que son como dos ventanas de barco, me fui a tomar agua.
Ella no me pregunta qué voy a hacer con todas las paredes que rayé. Está más preocupada por saber si estoy enojada si nunca más voy a creerle si alguna de las de mí va a seguir escribiéndola. Quién, siempre vas a cuidar de mí. En mi cabeza nunca se detiene esa cinta que proyecta el mundo en blanco y negro, donde no hay injusticia sino sólo dolor, y alas, e inmensa cantidad de flores carnívoras.
Entonces Quién se pierde entre los pliegues del silencio de la casa, y seguro planea algún golpe para llenar de nuevo mi cuerpo de misterio y fe, aun si eso me hace miserable, porque lo importante es dejarme cautiva
es ponerme un vestido y susurrarme al oído las palabras que me hagan hundirme. El grillete es mi propio amor por las ficciones absolutas.
