4.5.08

Trafalgar, maniquí, sinécdoque altruista de un pollo naranjoso

Dirás (o pensarás, más bien, porque las palabras no te sobran) que soy ninfómana, o amoropática, o todofílica, o insoportable. Y notarás al instante que una sola palabra no puede abarcar el oleaje complicado que lleva mi amor lejos para luego traerlo y arrojarlo furiosamente contra los tres millones de granos de arena que comprenden tu cuerpo.
Es curioso que vayas a decir (bah, pensar) esto mismo. Es curioso porque es justamente lo que yo esperaba que dijeras. Justo lo que yo te haría decir si fueras un personaje de mis textos. Sí, te haría insoportarme si pudiera escribirte, porque en verdad es lo que deberías hacer. Pero de todos modos es lo que harás; la existencia es, al fin y al cabo, un espejo de nuestras voluntades literarias.
Dirías que tengo un hambre de siglos, una necesidad enferma de ser amada, si no lo hubiera dicho yo antes, digamos, ahora mismo. Si no lo dijera yo todo el tiempo lo dirías vos, lo sé, claro que de otra forma, con menos palabras y más miradas. Y me dolería demasiado, así que lo digo yo ahora, pronto, antes de que transformes mis palabras en alfileres.
Dirás (¿o ya dijiste?) que me siento fea y por eso necesito seducirte todo el tiempo, convencerte -para convencerme a mí- de que con suficiente esfuerzo puedo ser hermosa. Pero eso no está bien. Deberías haberlo dicho de otra forma, deberías haber dicho que -al igual que las demás mujeres del mundo- necesito de otro ojos para verme, y que apenas queda mi cuerpo desprotegido de miradas ajenas comienzan las confusiones, las alucinaciones, en un segundo me pierdo en la tiniebla de la inseguridad. Deberías haber dicho eso, pero claro, no lo sabías, no podés recordarlo todo el tiempo.
Dirás (y en realidad es bastante curioso que vayas a decir justo lo que yo supongo que dirías cuando pudieras hablar) que basta, que me Amás, que me deje de romper las pelotas con esa necesidad imperante e ininterrumpida de que me asegures, me certifiques, me jures y perjures que te gusto, que todavía me querés, que no te pasa nada.
Y yo voy a responderte (andá sabiéndolo), con los ojos llenos de lágrimas y la panza hecha un bollito de papel rayoneado, que todo el amor que yo profesaba a la existencia fue a parar a tu estómago cuando decidiste comerte al mundo a pesar mío, y que -para que sepas- todas mis horas se aferran al amor para no ser vanas, y mi cuerpo (que está hecho de tiempo) se pliega a la tarea ciclópea de absorber con todos los sentidos esa masa terriblemente efímera que solía llamarse vida y ahora se llama Vos, y que es para protegerte de mí misma (bien sabés que es necesario) que recorto cuidadosamente cualquier línea de pólvora que mi amor riege fuera de los límites establecidos de tu cuerpo. Y también voy a recordarte que duermo como promedio tres horas menos que vos, que no miro tele ni me distraigo -en general- con ficciones que no cuenten con tu nombre, y que durante todo ese tiempo extra no dejo nunca de amarte, pero tampoco ignoro que -justo en ese instante- estás durmiendo inocententemente muy lejos de donde existo, razón por la cual generalmente busco un resarcimiento por tanto cariño que sale y no vuelve. Ya llorando, voy a gritar que cualquier gramo de cariño que no pueda depositarlo en vos voy a tener que destinarlo a alguna otra cosa fuera, porque no soy dueña de reducir la desesperada producción de amor que genera mi cuerpo muriente y que -cuando eso pase, cuando algo o alguien más haya acumulado suficientes kilos de mi amor- te vas a enojar conmigo y me vas a preguntar por qué, por qué hacés eso, y yo te voy a recordar esta conversación.
Eso es lo que voy a decir y, efectivamente, es lo que va a suceder. Será un fenómeno curioso, realmente, puesto que es lo que yo supondría que debe pasar. La realidad, verás, tiene una sugestiva semejanza con la ficción, con la historia que yo escribiría si escribiera nuestra historia.

4.2.08

Excusaje

Creo que voy a inventar una religión en que la forma de demostrar respeto y admiración es un beso en el cuello. Un beso hirviente, breve y blando. Y va a significar "gracias".
La gente necesita excusas para hacer cosas que le gustan, así que todos se van a afiliar a mi religión para poder besuquearse.
Es un buen plan. Es un gran plan. Y voy a poder vestir una sotana blanca por la calle.

23.1.08

Esto no es un poema.

Y si la felicidad fuera volar.
Porque volar es
la sensación de estar en el aire
la posibilidad de movimiento infinita
lo sublime del acto puro.

Y si la felicidad fuera volar, yo entendería que la presiento en ciertas cosas más o menos mágicas.
Hamacarme me provee la sensación.
Nadar en el agua me regala el movimiento.
Sentir el piano roza lo sublime del acto.
Y por eso y por eso y por eso y por eso y por eso y por eso y por eso y por eso y por eso
Cuando voy en el colectivo escuchando música y el aire de la ventanilla abierta me pega en la cara
puedo sentir el perfume de la felicidad
casi está ahí
casi la alcanzo con la mano
pero no
E igual es maravilloso.

2.11.07

Burocracia

Yo: Hola, qué tal. Deme un encendedor, por favor.
?: Antes déjeme ver su paquete de cigarrillos.
Yo: No tengo.
?: Entonces compre y después venga.
Yo: ¡Pero no fumo!
?: ¿Y entonces para qué quiere un encendedor?
Yo: ¡¿Y a usted qué le importa?
?: Lo siento, pero no podemos vender encendedores a no fumadores. Hay una ordenanza municipal que lo prohibe. Y menos si se niegan a declarar el uso que van a darle.
Yo: Pero ¡¿se da cuenta que me obliga a mentirle?!
?: La ley es la ley.
Yo: Está bien. ¿Vende cigarrillos?
?: Sí.
Yo: Bueno, deme un paquete de cigarrillos, un encendedor y un desodorante en aerosol.
?: ¡¿Un desodorante?! ¿Para qué?
Yo: Para usar mi encendedor de forma productiva.
?: ...ehm...
Yo: ¿Hay alguna ordenanza municipal que prohiba venderme un encendedor y un desodorante?
?: No...
Yo: Debería. ¿Tiene encendedores de los azulcitos?


El gobierno ya no sabe cómo cuidarse de la psicopatía.

7.9.07

Bard Space

Hola, amiguitos. Aquí hemos dejado un simpático espacio para que me bardeen con toda sinceridad.
Y para comenzar sin que tengan que hacer mucho esfuerzo, vamos a hacer una encuesta.

1) ¿Qué animalito identificás como definitorio de la personalidad de María?

a) Perra.
b) Gata.
c) Hiena.
d) Ornitorrinco hembra.

2) ¿Qué es lo que sentís cuando recordás que existe un humano llamado María que ha tomado parte en tu vida?

a) Me da asco.
b) Me da bronca.
c) Me lleno de angustia.
d) Comienzo a reír desquiciadamente hasta caer en el piso y golpearme la sien contra la pata de la mesa.

3) Si tuvieras un cuchillo en la mano y encontraras a María indefensa (dormida) en un lugar solitario ¿qué harías?

a) Matarla.
b) Herirla hasta que se le salgan las tripas de la boca de tanto gritar.
c) Despertarla y suicidarme, no sin antes aclararle que ella es la única culpable.
d) Bailar tap.


Bueno, tres es un buen número. Lo dejamos ahí. ¡Esperamos tu voto!

29.8.07

El Regreso de los Zombies Sin Auto

Hoy estaba yendo a la facultad en el colectivo, cuando noté que un chico de expresión extrañamente neutra se acercaba. Estaba por sentarse en un asiento individual, muy cerca mío, cuando otro muchacho -que al parecer era su compañero- subió y se quedó mirándolo inmóvil. El primero no podía saberlo, pues estaba de espaldas: extrañamente, dudaba si sentarse o no.
Esta es la parte en que yo cuento el detalle extraño que justifica este texto (todos sabemos que el realismo no es mi campo): El muchacho de semblante neutro se dio vuelta y ambos se quedaron totalmente quietos, mirándose. Luego, aquél se alejó de mí con sus cosas y fue a ocupar un asiento de los dobles. El otro, creí notar, se relajó entonces, y ocupó el lugar contiguo.
Esto no hubiera sido tan raro, aun si mi pensamiento inmediato fue: "¡Lo estaba controlando con la mente!". Pero justo entonces, un viejo que estaba sentado detrás mío lanzó una especie de lamento ronco que al parecer sólo yo escuché. Entonces los vi. A todos. Se balanceaban hacia un lado y otro, las caras inexpresivas, los brazos colgando. ¡Eran zombies! ¡Todos los pasajeros!
Por supuesto, fingí que nada había visto; fingí ser también un zombie, adoptando la postura típica, facilitada por el bambolear torpe del colectivo. Y por supuesto, no me bajé hasta que me tocaba: una veintena de zombies no justifican una caminata larga.